“Cuando los hombres callan, hablan las piedras”

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“El verdadero infierno”

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Poco después de arribar a su nuevo exilio de Miami, Robert Alonso fue entrevistado por el prestigioso periodista del Miami Herald (en inglés), Alfonso Chardy, quien le preguntó si él creía que había valido la pena haber hecho pasar a su familia por ese inferno, debido a su lucha contra el castrismo.  Esta fue la respuesta de Alonso:

 

El verdadero infierno es irse a la cama todas las noches sabiendo que no has hecho nada por tu país, por tu familia y, sobre todo: por nuestro Dios, El Todopoderoso.    

Verá Ud., amigo, mis bisabuelos les enseñaron a mis abuelos que ningún gobierno o autoridad en esta tierra está por encima de Dios.    Mis abuelos les enseñaron lo mismo a mis padres.  Hice lo mismo con nuestros hijos… y estoy seguro que ellos harán lo mismo con sus hijos.   Mis nietos aprenderán que no existe nada por encima de Dios.

¿Cómo puedes orarle a Dios por las noches? Te pregunto.    ¿Cómo te puedes sentar con tu familia en la mesa y darle gracias a Dios por el pan que nos ha dado, si ese día no te paraste en una esquina a defenderlo?   Supongo que a Dios no le agradan los hijos hipócritas y cobardes.   Dios nos hizo libres, a su imagen y semejanza.    Debemos mantener nuestra libertad como una de las maneras de agradecerle, de lo contrario: lo estamos despreciando.     

Dios nos dio tanta libertad que nos ofreció el libre albedrío para decidir entre el bien y el mal.    Nadie, fuera de la Biblia, va a venir a decirme qué está bien o qué está mal, pretendiendo que no haré algo al respecto… eso sería un pasaje directo al infierno, aquí mismo en La Tierra y le estaría extendiendo ese pasaje a toda mi familia. 

El comunismo me ha quitado todas mis pertenencias materiales en dos oportunidades.    Me quitó mis pertenencias en Cuba y, ahora, en Venezuela, pero me quedó tres cosas que jamás me pudieron, ni me podrán quitar: ¡mi dignidad como ser humano, mi familia y mi fe en Dios!  He llegado a entender que la felicidad no es tener mucho: ¡sino necesitar poco!  Todo lo que necesito es mi familia, mi dignidad y mi fe en Dios.

Dios ha sido bueno conmigo. Me ha dado una estupenda familia y se aseguró de que vivamos juntos en este grandioso y noble país: Estados Unidos de América.    Es aquí donde pretendemos luchar ahora, pues creemos que está en un grave peligro.    No es el mismo país donde viví hace 46 años.     El mismo enemigo que me ha venido persiguiendo desde que tengo ocho años de edad, está tomando posesión de Estados Unidos, sus tradiciones… su moralidad y su fe cristiana.    No podemos vivir aquí sin echar la pelea.     Es mucho lo que he aprendido sobre ese enemigo ateo, infrahumano y amoral; mi deber es compartir ese conocimiento con mis nuevos hermanos norteamericanos.    ¿Qué más podría perder? ¿Mi vida?  Eso es una decisión que solo le compete a Dios.  Será Él quien lo decida.   Si voy a morir en la obscuridad, no me ayudaría en nada ponerme a vender velas.    ¡Nadie muere en la víspera!   

Hay un tiempo para todo: hay un tiempo para luchar, otro para enseñar… otro para morir.    Lo que sí te puedo asegurar es que cuando llegue mi turno para enfrentar a Dios cara-a-cara, Él estará orgulloso de mí… y eso es lo único que me interesa y preocupa.   Pero Él tiene un plan para cada uno de nosotros.  Estoy seguro que tiene un plan para mí.    Él sabe lo que hace y no nos corresponde cuestionarlo.   

Dios funciona de muchas maneras diferentes y misteriosas; hay bendiciones ocultas por todas partes.   Cada vez que Dios nos cierra una ventana, no abre una gran puerta: ¡créame!    Sin embargo, nos dio un país libre y dejamos que el enemigo se apoderara de él.  De nosotros depende recuperarlo, de lo contrario: ¡nos podría quitar la libertad para siempre!”

 

 

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